Después de cada desastre la conversación se concentra en si llegó o no la alerta. Es una discusión válida, pero llega tarde. Un aluvión como el que golpeó el sector oriente de Santiago se enfrenta mucho antes de que caiga la primera gota, en las decisiones de prevención y mitigación que se toman o se postergan durante años.
Las obras en las quebradas son la primera línea de defensa
Las obras de mitigación en las quebradas del piedemonte, piscinas decantadoras, barreras, encauzamientos y mantención de cauces, son lo que separa una crecida de un desastre. No son obras nuevas ni desconocidas: están identificadas hace años en los estudios. Lo que falta es ejecutarlas al ritmo que exige la amenaza. Cada temporada que pasa sin construirlas es una temporada en que confiamos la seguridad de miles de personas a que no llueva fuerte. Lo que vi en terreno confirma lo que ya sabíamos en el papel.
No se mitiga lo que no se ha estudiado ni ordenado
La prevención empieza por saber dónde está el riesgo y respetarlo en la planificación. Los estudios de peligro de remoción en masa para el piedemonte existen, y Sernageomin ya había advertido sobre suelos saturados por las lluvias previas y una isoterma alta. El punto es que ese conocimiento tiene que bajar a los instrumentos de planificación territorial y a las decisiones de uso de suelo. La medida más barata y la que más vidas salva es la más incómoda de tomar: no ocupar la zona de riesgo, o condicionar fuerte lo que se construye en ella.
Anticipar también es prevenir
Chile arrastra una brecha de monitoreo que condiciona todo lo demás. No tenemos una red de radares meteorológicos que permita estimar con precisión cuánta agua va a caer, dónde y en cuánto tiempo. Y en gestión del riesgo el problema rara vez es cuánta agua cae, sino en cuánto tiempo cae. No es lo mismo recibir 60 milímetros repartidos en un día que los mismos 60 concentrados en cuatro horas sobre una cuenca ya saturada. Observar bien la amenaza es lo que permite preparar, movilizar recursos y decidir con horas de ventaja, no con minutos.
La prevención no se ve cuando funciona
La alerta es el último eslabón de una cadena que empieza mucho antes. Si esa cadena está debilitada, las obras postergadas, los estudios sin bajar a la planificación, el monitoreo incompleto, ninguna alerta alcanza a compensarla. La prevención tiene un problema político de fondo: no se ve cuando funciona, y por eso siempre es la primera en quedar para después. El saber no siempre se traduce en decidir, y en prevención esa distancia se termina pagando en vidas.
En Resiliencia Chile apoyamos la prevención desde la base técnica. Conoce nuestros estudios fundados de riesgo para zonificar las amenazas antes de construir.
Sobre este mismo aluvión en el sector oriente de Santiago, también analicé qué lo causó y el rol del mensaje SAE y, en T13, si se pudo evitar.